Estoy tranquilamente trabajando en mis asuntos pendientes, seguro que este va a ser un día fluido y productivo. Comienzo con la reunión de status con mi Jefe y compañeros, donde observo con asombro que la agenda ha cambiado completamente. Los clientes se han apoderado de ella: La han manipulado y estructurado de acuerdo a su orden de prioridades y conveniencia. Me pregunto: ¿Va a ser un día fluido y productivo?

Mientras escucho a mi Jefe explicar cómo vamos a funcionar para cumplir efectivamente con todos los compromisos, oigo el ruido monótono de mis mensajes y correos entrando sin parar en mis dispositivos digitales: ¡Y pierdo completamente el foco!

 

Hago caso omiso de esta situación.

Me reúno con el equipo de trabajo encargado del Proyecto “XXX”, el que ya está prácticamente en etapa de culminación. O creía yo. Pasamos por un largo diagnóstico de posibles implicaciones y consecuencias para cada alternativa de solución planteada.

 

La discusión “pierde forma” y nos perdemos en escenarios improbables y ambiguos.

Fijamos de nuevo una próxima reunión donde nos piden tener más claridad acerca de las próximas acciones. Lo coloco en mi agenda para trabajarlo hacia el final de la semana. En algún momento me dedicaré a ello.

 

Continúo con las reuniones…

Fijadas en mi calendario para el día de hoy, con distintos departamentos y personas, y mientras informo las decisiones tomadas, siento una fuerte angustia. Cuando reflexiono sobre sus causas, caigo en cuenta que no estoy completamente seguro que estas decisiones estén soportadas por un examen claro de sus prioridades.

En algún momento parecían seguir un razonamiento lógico y claro, pero ahora me ponen a dudar… ¿Y qué puedo hacer? El agobio aumenta gradualmente ¡y lo que quiero es pararme y pensar!

 

¿Alguna vez te has sentido de esta manera?

Pensemos que, en los actuales momentos, cada vez hay más trabajadores desorientados y confundidos acerca del camino a seguir. Pareciera que la brújula interna está mal calibrada y necesitamos alinearla. Para que nos vuelva a indicar hacia dónde es que queda el norte.

En la Metodología GTD®: “Getting Things Done®” manejamos esta situación tan abrumadora a través de la “Revisión Semanal”.

 

La Revisión Semanal

Es el cuarto paso de esta Metodología, que nos va a permitir, además de asegurarnos tener el control de nuestros asuntos pendientes, darnos perspectiva. Es como ver el bosque desde la altura, contemplando desde arriba los árboles, pero sin abrazarlos. Un proceso donde analizamos todos y cada uno de los elementos que conforman nuestra vida personal y laboral con detenimiento y profundidad.

 

Sus objetivos son tres:

En primer lugar: actualizar

Actualizar todos los asuntos que conforman nuestro mundo: físicos, digitales y aquellos que han estado dando vueltas por nuestra mente. Allí verificamos su naturaleza y cómo vamos a trabajar con ellos cuando decidamos hacerlo.

 

En segundo lugar, integrar.

Esto significa verlos como un “todo”: Somos seres humanos únicos e indivisibles, lo que quiere decir que nuestra área personal debe estar en sintonía con la familiar, profesional y laboral.

 

Y, en tercer lugar: reflexionar.

Usar este momento de reflexión para “Elevarnos”: Cuantas veces en el calor del día a día, no hemos extrañado disponer de espacio para imprimirle un pensamiento estratégico, novedoso y diferente a nuestra vida. Verla de una forma ingeniosa “out of the box”.

 

La Revisión Semanal

Te brinda ese momento único donde vas a estar solo con tus pensamientos y puedes darte el permiso para dar un giro distinto a la forma como ves las cosas. A permitirte pensar sin estructuras predeterminadas o convencionalismos. Eres tú y tu vida.

 

Por ello, es que recomendamos que hagas de esta Revisión Semanal un rito:

  • En dónde le des la importancia que se merece.
  • Por supuesto el tiempo: Sin prisas, pero sin pausas.
  • Durante el fin de semana o al inicio, al empezar la jornada de trabajo o al finalizarla.
  • Solo, con tu pareja, con un amigo o compañero de trabajo.

Tú decides, pero siempre entendiendo que este “alto en el camino”, incidirá notablemente en tu tranquilidad, y en lograr alcanzar la mayor productividad posible para enfrentar cualquier reto, y todos los retos de tu día a día.

Organízate, prepárate, arriésgate.

 

Por Albertina Roche.