Todos tenemos hábitos que debemos o queremos cambiar. Es probable que los que más nos preocupan son los catalogados como “malos comportamientos” (gritar, fumar, beber, procrastinar, entre otros.)

En algunas situaciones podríamos decir que caemos en estos comportamientos cuando tenemos desacuerdos con otra persona. Porque de alguna manera sentimos que con estos comportamientos “le mostraremos quién tiene la razón”.

En el fondo, sólo nos hacemos daño a nosotros mismos y aun sabiendo esto es muy difícil cambiar estos hábitos. Por eso, es importante resaltar la necesidad de tener una verdadera comprensión de nuestros comportamientos.

 

Los malos hábitos y las recompensas inmediatas.

A menudo desarrollamos malos hábitos porque nos dan alguna recompensa inmediata. Por ejemplo, “necesito demostrarle que tengo la razón” es sólo otra forma de decir: “tengo que sentirme bien, validar y justificar mi mal comportamiento”. Pero al final, estos hábitos conducen a resultados que no queremos.

 

Hay una diferencia entre las recompensas y los resultados.

Experimentamos las recompensas de nuestros comportamientos inmediatamente, mientras que los resultados ocurren más tarde. Por eso tenemos hábitos que no podemos cambiar, incluso cuando conducen a resultados indeseados a largo plazo, porque su recompensa nos mantiene atascados.

Para entender mejor esto, debemos recurrir a la ciencia de la formación de hábitos, y aplicar esa ciencia para rediseñar los nuestros y tomar control sobre ellos.

 

Un hábito se compone de tres elementos distintos.

Primero hay un gatillo.

Que es la señal que desencadena una rutina específica. En el ejemplo que hemos utilizado sería el reconocer que existe un desacuerdo.

 

Luego está la rutina.

Que es el comportamiento en sí mismo. Es lo que solemos confundir con el hábito (porque desconocíamos sus tres elementos anteriormente). El gatillo activa la rutina.

 

Y finalmente, la recompensa.

Lo que refuerza la rutina; así que cuando el asunto aparece de nuevo, la repetimos. ¿Cuál es la recompensa en nuestro ejemplo? “necesito demostrarle que tengo la razón”.

Descubrir las recompensas detrás de los hábitos que deseamos cambiar requiere una introspección seria y honesta. Tal vez, “mostrar que tenemos la razón” nos ayuda a ganar autonomía, o validación.

 

Cambiar un hábito no se limita a modificar la rutina.

De tal forma que, cambiar un hábito no se limita a modificar la rutina. Hay que profundizar un poco más en la recompensa, en eso que realmente queremos lograr. De esta forma tendremos más éxito.

 

El gatillo probablemente no desaparece.

Es absurdo pensar que no tendrás discusiones o desacuerdos en tu vida a partir de ahora. Pero lo enfrentarás de forma diferente.

 

Debes encontrarás una rutina de reemplazo.

Que te dé la recompensa que realmente buscas y te lleve a buenos resultados a largo plazo. De esta forma tendrás éxito en cambiar ese hábito por uno más adecuado.

 

Busca un comportamiento alternativo.

Que te proporcione algunas de esas mismas recompensas pero que te lleve a mejores resultados. Si puedes identificar la señal y la recompensa, puedes cambiar la rutina en ese ciclo y crear un hábito completamente nuevo. Enfócate en hacer las preguntas correctas.

 

Si hay algo cierto es que no puedes romper un mal hábito; pero sí puedes reemplazarlo.

Por Fabiana Roche.