Cuando prepares un discurso o una presentación, pon las necesidades de tu audiencia en primer lugar. Recuerda que tu trabajo no es conseguir que el público te quiera. De hecho, si el público te presta demasiada atención, puede que se pierda tu mensaje. El punto fundamental es que no es acerca del presentador, sino es acerca del mensaje. No importa la metodología que utilices.

 

Céntrate en estar presente y en estar en sintonía con las necesidades de tu público.

En lugar de eso, céntrate en estar presente y en estar en sintonía con las necesidades de tu público. El presentador astuto debe averiguar lo máximo posible acerca de su cliente: su audiencia.  Y no es sólo conocerla, sino aún más allá: entenderla.

En este sentido, se debe realizar un estudio minucioso de la audiencia como personas y como trabajadores, y también sobre la empresa a la cual pertenece.

Nos referimos a una investigación previa, que incluya todo el material colocado en las redes sociales, blogs, catálogos, material de ventas, reportes, estadísticas y otros. Se debe profundizar:

  • El conocimiento del negocio
  • Del mercado
  • De la Industria a la cual pertenece: las tendencias que la afectan, sus prioridades, valores, principios y terminología.

De esta manera hablaremos su “mismo idioma “

 

Con respecto a las personas que participan, la recomendación es indagar acerca de:

  • Responsabilidades y liderazgos.
  • Equipos de trabajo y proyectos más importantes.
  • Grupos formales e informales.
  • Expectativas que tienen al asistir.
  • Su conocimiento acerca del tema a discutir.
  • Estilo de personalidades: ¿se llevan bien?, ¿son integradores?, ¿irreverentes? ¿conflictivos?, ¿negociadores?

¡Todo es importante!  No dejes que un detalle te impida impartir el conocimiento de manera óptima.

 

Desde el momento en que empieces a prepararte, piensa en quién va a estar en la sala.

Cada vez que practiques, mantén la atención en tu audiencia imaginaria. En el momento en que te sorprendas a ti mismo entrando en piloto automático, detente y vuelve a empezar la frase.

 

Las audiencias juzgan, aún antes de que hayas pronunciado la primera palabra.

¿Consideras que estás preparado?

Aun siendo considerado como una autoridad en la materia, los primeros 30 segundos enfrente de tu público son cruciales para mandar una impresión adecuada. Recordemos que: “percepción es realidad”

 

Por eso es por lo que debes que tomar en consideración algunas recomendaciones:

  • Saber cómo empezar: aprender las primeras oraciones que van a “romper el hielo”. Una cifra, estadística, una historia, un chiste, una pregunta.
  • A continuación, comienza con una afirmación: ”Ustedes”, por ejemplo: “Cada uno de los presentes en esta sala…” o “Quiero compartir con ustedes una historia sobre el poder de…”. Esto indica inmediatamente a tu audiencia que estás ahí para ayudarles.
  • Tener a tu distancia visual tus notas o fichas con las ideas y mensajes más importantes de tu presentación. Aunque no necesites verlas, es importante que sepas que las tienes allí.
  • Divide la presentación por asuntos clave, conociendo al detalle cada aspecto y las transiciones y tiempo que toma hacerla.

 

Párate.

Ordena tus notas.

Logra contacto visual.

Justo antes de hablar, tómate un momento para respirar y mirar directamente a tu público.

Haz una pausa de 3 – 4 segundos.

Sonríe.

Fija tu meta.

Y… ¡acción!