Con frecuencia, en Seminarios y actividades de Coaching nos encontramos con la gran excusa en sus diferentes versiones:

  • ¡El culpable es mi jefe!
  • Yo soy un GTD’er pero mi Jefe no! y él manda…
  • No entiendo cómo alguien tan desorganizado ha llegado a ser mi jefe…
  • ¡Es un ser irracional y carente de toda lógica!
  • [incluya aquí su propia versión].

 

Este problema aparece debajo de cada piedra que movemos y, hay que reconocerlo, suena como la excusa perfecta para justificar nuestras propias limitaciones para enfrentar lo que ya es una situación común.

 

Aprendemos en GTD® que no existen problemas, sólo proyectos.

Resolver problemas nos ubica en un área gris, en arena movediza, donde no poseemos armas ni herramienta para enfrentar ese lucha con las probabilidades en contra.  Pero si cognitivamente nos acostumbramos a enfrentar los problemas con mentalidad de proyectos… allí si tenemos armas y herramientas comprobadas, sistemas y estructuras mentales que nos llevan pasa a paso a movernos hacia ese final que hemos visualizado y siguiendo los pasos que con antelación hemos identificado y que nos mueven hacia esa visualización del éxito.

 

Con eso en mente, regresemos a nuestro jefe…

Si usted está convencido de que ÉL es el problema, vamos a darle el beneficio de la duda antes del veredicto final.  Olvidemos por un momento la historia que nos hemos creado alrededor de esa figura que amenaza mi productividad (y la de todos) y analicemos no el problema, sino el proyecto… Existen tres preguntas básicas que debemos hacernos con respecto a este tema:

 

1.- ¿Estoy satanizando a mi jefe?

 El hecho de no comprender las órdenes, recomendaciones o decisiones de su jefe sobre asuntos que le corresponden, no quiere decir en absoluto que su jefe le desea mal, o que desea que usted fracase.  Si ese pensamiento viene a su mente, piense qué otra historia podría ser real.

Por ejemplo: su jefe tiene muchos más asuntos en su inventario y por ende, más presiones. También su visual de la problemática puede estar en otro horizonte más alto. Y por eso es que, quizás,no se ha tomado el tiempo para explicarle a usted el alcance de esas decisiones, órdenes y comentarios.  Claro que es culpable de una comunicación sub-óptima pero de allí a que es satanás, hay un largo trecho…

Satanizar a su jefe es el primer gran paso para romper todo tipo de comunicación; y si él dio el primer paso hacia ello al no tomarse el tiempo suficiente para explicarle, usted no sólo tomo el segundo paso, sino un salto gigante hacia la ruptura comunicacional definitiva.

 

2.- ¿Tiene lógica lo que me esta diciendo mi jefe?

Esto tiene que ver con el punto anterior en referencia a que su jefe no se ha comunicado eficientemente con usted.  Pero, antes de cerrar la puerta, es responsabilidad de nosotros expresar que un poco más de información puede ser necesaria.  Por supuesto, hay formas de hacer esto. Usted puede decir a su jefe:

  1. No entiendo nada de lo que me ha dicho. Repíte y por favor, sea mas claro es su comunicación.
  2. ¡Excelente idea! ¿que otra información podría agregar de manera de poder alinear las ideas que usted ha generado en mí, para alcanzar el objetivo final de manera rápida y reduciendo al máximo los posible errores que puedan surgir?

 

No es necesario entrar en el detalle del efecto que cada una de esas preguntas tiene sobre su jefe.  ¡Ah!  ¡El arte de la comunicación efectiva!  Algo que vale mas que un MBA!

 

Pero si aún duda que su jefe no tiene lógica en lo que plantea, ¿ha considerado que su jefe ignora algo sobre usted? Por ejemplo, su inventario completo de proyectos, ó las urgencias que han aparecido en los proyectos que ocupan su atención?   Su jefe no es satanás pero ¡tampoco es Dios!  El no lo puede saber todo si usted no se lo comunica de alguna forma (y volvernos sobre el fascinante mundo de la comunicación efectiva!).

Entonces, puede que su jefe no carezca de lógica!  Puede que carezca de…HECHOS!

 

3.- ¿Tiene mi jefe todos los hechos que rodean su decisión?

 La responsabilidad de suplir a su jefe con todos los hechos de manera de que tome una buena decisión es suya.  Y aquí es donde entra GTD®:

  1. ¿tiene usted un inventario completo de sus asuntos y proyectos de manera de que su jefe, en un vistazo, pueda entender la profundidad de su flujo de trabajo? Recuerde que su jefe pueda que no tenga tiempo para darle 4 horas y que usted le explique todo eso.  La estructura mental que desarrolla GTD® le permitirá mostrarle a su jefe, en minutos!, la profundidad de su vida profesional (e incluso su vida personal si así usted lo decide).
  2. ¿está su sistema y su inventarios completo de proyectos y próximas acciones lo suficiente actualizado como para recurrir a él en el momento menos pensado? Usted no elije cuando lleguen los problemas (ooops, perdón!  los proyectos).  Como todo guerrero, usted debe estar siempre listo.
  3. ¿confía usted en que su sistema es tan dinámico como su vida y que si la situación es tal que usted y su jefe deciden re definir las prioridades de sus asuntos para que incluyan el nuevo asunto, sus sistema se hará cargo del resto y se mantendrá vigilante de recordarle todo una vez que su atención regrese?

Eso es la definición de un sistema GTD®: actualizado y revisado, con prioridades claras que conllevan a decisiones correctas de lo que se debe hacer en cada momento.

 

Imagínese un mundo donde las comunicaciones existan en base a un esquema mental tipo GTD®…  ¡No habría problemas! solo proyectos…

 

Por Rosendo Roche.