¿Cómo convertir la función de delegar en un Arte?

Una de las funciones más importantes de un líder es encontrar el punto de equilibrio entre el control y seguimiento a distancia, sin mucho involucramiento, y aquel que cae en el detalle.

Asumimos que nuestro personal sabe exactamente cómo ejecutar sus actividades con autonomía, usando su experticia y buen juicio para sopesar aquellas situaciones especiales que se le presentan. Atosigarlos en cada punto de su camino, atenta contra su creatividad y es uno de los pilares de la micro-gerencia.

Por eso, la delegación requiere de pasar de ser un acto único y estático, a convertirse en ese flujo continuo de información donde revisamos la alineación con los resultados que queremos lograr. Además, estamos alertas a nuevas variables que puedan requerir un “fine tunning” del rumbo de nuestro proceso.

La mejor manera de mantener este flujo continuo de información con nuestro empleado es a través del feedback, que es mucho más que una conversación estructurada.

 

Un buen feedback

Es una combinación de probar y compartir, afinando el foco rápida y eficientemente. El Feedback Streamline es aquel cuyos objetivos han sido cuidadosamente establecidos: sabes lo que requieres del receptor y pides sólo lo que necesitas.

  • Es específico y detallado.
  • Es una conversación sincrónica.
  • Tiene dos componentes importantes: resaltar lo positivo y discutir lo negativo.
  • Al resaltar lo positivo, no sólo comentas lo que te agradó, sino reconoces todos los asuntos buenos. Y comienzas el feedback con este reconocimiento.
  • Tratar lo negativo, no es rechazar lo que no te gusta, sino profundizar y darles contexto a aquellos elementos en los que no se está de acuerdo. En forma de discusión y no de orden.

 

El formato que nos ofrece este tipo de Feedback

Permite aumentar la colaboración entre las partes, ya que todos quieren participar para conseguir una solución efectiva a los problemas. Además, se enfoca en los hechos, sin asumir nada, abriendo las puertas a aquel insumo que proyecta la situación desde distintos ángulos, o que se anticipa a escenarios que no nos hemos planteado. Se trata de unir tu planteamiento con el de tu contraparte, adueñándote de su punto de vista.

 

El feedback es una de las herramientas más poderosas del Arte de Delegar

Su objetivo final es lograr que ambas partes obtengan un aprendizaje. Al combinarse, potencian sus efectos activando un nuevo rol deseable en todo gerente: el de líder.

Este rol implica el asumir la delegación como el acto de “dejar hacer”, pero con dirección, aclarando aquellos principios rectores del trabajo que no son negociables, definiendo los que sí lo son, y fijando fechas de revisión y de entrega.

 

Si reducimos esta interacción…

A un momento formal, único de retroalimentación, seguro cuando lo hagamos ya será demasiado tarde:

  • para la actividad en sí, que no ha tenido verificaciones “inteligentes” en su desarrollo,
  • para nuestro empleado que sin monitoreo y apoyo cree que su trabajo es perfecto y se puede llevar sorpresas dolorosas,
  • y para nosotros como gerentes, ya que perdimos una valiosa oportunidad de ejercer un liderazgo efectivo

 

Por otra parte, tampoco cumplimos con la responsabilidad indelegable de ser facilitadores y potenciadores del desarrollo de nuestro personal.

Hagamos entonces del feedback la herramienta más poderosa del arte de delegar, manteniendo un proceso de información abierto, con interacciones como práctica habitual en nuestro día a día organizacional.

Por Albertina Roche.