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No, no eres solo tú. La distracción tecnológica que genera el teléfono celular es un síndrome que controla nuestras vidas. ¡Vamos a reducir este flagelo!

¿Cuántas veces has dudado si tienes la atención de tu jefe durante una reunión? Sentado frente a él, computadora abierta, él revisa su celular ¿Me está oyendo?, te preguntas.

Habitualmente, nuestro interlocutor dice: “Te estoy escuchando, adelante…”. La realidad es diferente. Realmente no están en la misma habitación con nosotros. Están en el teléfono.

Si nos llevamos los momentos de distracción tecnológica al plano personal, podríamos llenar páginas enteras con casos de pérdida de atención en medio de una reunión o cena familiar.

El problema es que los modales no han alcanzado la tecnología.

Interrupción como causa de estudio

El teléfono celular está diseñado para llamar la atención: Pantalla brillante, colores llamativos, sonidos constantes; todo nos atrae.

Recientemente se midió el efecto de la presencia del teléfono en el escritorio. Los niveles de concentración y compromiso se derrumban.

Como consecuencia, 9 de cada 10 personas dicen que -al menos una vez a la semana- sus amigos o familiares dejan de prestarles atención por ver su teléfono celular.

Sin embargo, solo 1 de cada 4 dice que estas interrupciones han causado una seria ruptura con un amigo o familiar.

Entonces, ¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a la distracción tecnológica? Solo 1 de cada 10 personas hace frente a la situación.

La gran mayoría permanece en silencio. 37% ignora el comportamiento, 26% muestra desaprobación en formas no verbales, 14% se aleja. Sin embargo, la mayoría hace lo mismo, es decir, se van a su teléfono.

¿Y el contacto pa’ cuándo?

La llegada de los teléfonos inteligentes mejoraron muchas cosas, pero también tergiversaron otras. Hasta nuestros hábitos de consumo se están viendo alterados.

Seguramente, muchos estamos esperando que las normas sociales evolucionen naturalmente. ¿Nos pondremos al día con las novedades que enfrentamos? Desgraciadamente, todo parece indicar que no.

Las normas se desarrollan cuando una masa crítica de personas comienza a confrontar a quienes las violan.

Cada vez que se llama la atención a alguien, no solo aprenden los que presencian el momento incómodo sino que también toman notas mentales: “Nota personal: responder a mi teléfono en medio de un funeral no me hace popular”.

Hay que acelerar el cambio necesario

Por suerte, muchos tenemos reglas que limitan el uso del teléfono celular en nuestro entorno familiar. Al cenar, por ejemplo, pocos desean que la distracción tecnológica sea el plato fuerte.

Por desgracia, en nuestro entorno laboral es más difícil controlar la situación. Durante su jornada laboral, ¿Cuántas veces interrumpe su trabajo para atender su teléfono?  

Fabiana Roche, instructora de la metodología UseClark en Intelectum, indica que el tema siempre sale a flote al momento de dictar sus talleres.

“Muchos se muestran frustrados ante este desarrollo tecnológico. Se quejan de las interrupciones de sus compañeros, sin reparar en la situación, para responder llamadas telefónicas o enviar mensajes de texto”, dice Fabiana.

El clima laboral también se enrarece con este fenómeno. Otra de las quejas que recoge Fabiana apunta a las personas que durante una reunión de negocios están revisando sus correos electrónicos. Nos conectamos a otras cosas y nos desconectamos a lo importante.

Sus recomendaciones son simples, pero potentes: Es necesario hablar. Aunque parezca incómodo y desagradable, nuestra respuesta colectiva a estos comportamientos establecerá nuevas normas de cortesía moderna. Mejorará nuestra calidad de vida.

Tres ideas para comenzar el proceso

No esperamos que montes una cruzada en contra del uso de los teléfonos celulares. Estamos seguros que perderás.

Por ello, te dejamos tres ideas que te ayudarán a mejorar tu entorno y promover el uso consumo responsable de la tecnología.

Enfréntalos a la evidencia

Para cambiar las normas en un grupo puedes comenzar compartiendo el por qué de la idea. Difunde estudios como los citados al inicio de este post.

Si aún las personas no están convencidas del impacto de distracción tecnológica, demuestra disminuir el uso del teléfono celular en horas de trabajo puede aumentar la productividad laboral.

Importante: Sé empático. A nadie le gusta nada impuesto, mucho menos la pedantería.

No promuevas este tipo de discusión después de las transgresiones obvias, cuando los miembros del equipo puedan sentirse avergonzados o a la defensiva.

Aligerar el estado de ánimo y divertirse con la situación puede hacer que el tema sea más fácil de discutir y asimilar.

Promueve la discusión grupal sobre las ventajas y desventajas de tener dispositivos a la vista. Enfócate en la tentación que representan durante los intentos de generar un diálogo de alta calidad.

Proponer reglas básicas como “Estar totalmente presente” y “Mantener el teléfono en el bolsillo” y simplemente “Por favor, no traer o tener a mano el teléfono en la reunión”.

Personaliza el problema

Si la norma que estás tratando de cambiar es con una sola persona, que puede ser tu jefe, cónyuge, hijo o amigo, no los abrumes con datos. Hazlo personal.

No plantees el problema mientras están devorando su teléfono. Espera hasta que no se sienta disminuido y los “distraídos” no se sientan avergonzados.

Luego, dí algo como: “Me he dado cuenta de que me siento muy diferente acerca de mis conversaciones con las personas cuando la tecnología no me distrae”.

Muestra que formas parte de los transgresores, lo reconoces y quieres cambiar.

Entre lo dicho y lo hecho: El camino es derecho

Ahora viene la parte difícil.

Tienes que adherirte a la norma y ​​expresarte cuando otros crucen los límites.

Es decir, si le echas un vistazo a un dispositivo de forma no pactada, debes reconocerlo de inmediato.

En cambio, en el instante en que veas que otros hacen lo mismo, indica de forma no punitiva, pero sí muy clara, que se incurre en violación de la norma.

Sábado en la noche, día de reunión en casa con tus amigos. Propón una frase llamativa para indicar que llegó el momento “cero tecnología”. Así, durante la velada, cuando se diga “Scott, control técnico” todos sabrán que viene un momento sin tecnología.

Al conversar con una persona, que frecuentemente revisa su teléfono, puedes decirle: ¿Estás esperando una respuesta importante? ¿Todo está bien? ¿Están reportando algo en las redes sociales? Así, de forma empática, tu interlocutor caerá en cuenta sobre su comportamiento.

En resumen, la tecnología de hoy nos permite comunicarnos rápida y efectivamente con una gran red de amigos y conocidos. Estos avances tienen grandes beneficios. Pero no debemos desechar las normas sociales de respeto y cortesía, especialmente con aquellos que más nos importan.

La próxima vez que su hijo pida su atención, véale directamente a los ojos, préstale máxima atención y verás como el brillo de sus ojos cambia. Sabrá que le importas y no hay distracción tecnológica que desconecte ese momento.

 

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