Si algo positivo nos ha traído esta pandemia, es que nos ha mostrado el camino hacia una rápida innovación.  Con esto no quiere decir que debemos agradecerle nada; eso sería un pensamiento simplemente espantoso, pero si la realidad insinúa que hay algo de lo que podemos sacar algo positivo, sería tonto no hacerlo. Entonces, ¿Hay cambios de alto impacto en la nueva realidad?

Basta con mirar a todas las empresas que rápidamente dirigieron su visión, hacia nuevos esquemas para recoger la basura o adaptar sus servicios a las nuevas regulaciones sanitarias.

 

¿Cómo puede un líder ayudar a su equipo a conservar esta agilidad y sentido de urgencia incluso cuando no hay crisis?

La única forma es generando ancho de banda mental, para poder enfocar nuestra atención hacia:

  • Lo novedoso
  • Lo no tradicional
  • Y hacia aquello que siempre genera esa frase motivadora de “eso no se puede hacer”

Esta frase, para muchos líderes, es la luz que anuncia un paso importante hacia la innovación y hacia subir un escalón importante, que nos permite no sólo ser más productivos sino esencialmente competitivos.

¡Y esos dos conceptos no son sinónimos!

 

Generar espacio en tu mente

Es algo que rota alrededor de la metodología GTD® (Getting Things Done®, de David Allen) que ha estado a la cabeza del tema de productividad durante los últimos 35 años y que hoy en día, sigue siendo la base de innumerables propuestas que en ella se basan.

Con ese espacio mental disponible para la innovación, generar nuevas ideas es un verdadero placer pues, si hay algo que sabe hacer nuestro cerebro, cuando dispone de ancho de banda, es justamente generar ideas.

 

Pero, hay que tener en cuenta que innovar no es exclusiva responsabilidad del líder.

Todos en la empresa tenemos nuestra cuota de responsabilidad para innovar.  Y es por ello que, generar ancho de banda, en cada una de las mentes que pueden aportar al proceso de innovación es:

  • En primer lugar, del líder de la empresa.
  • Y en segundo lugar, de cada una de las personas.

Corporativamente, el líder debe crear un ambiente de “accountability”, alrededor del proceso de innovación. Luego, debe asegurarse de suplir a sus empleados de una metodología apropiada para asimilar esa responsabilidad. Finalmente debe coordinar y dar dirección, en función de la misión y metas de la empresa.   Trabajo que resulta arduo, si no hay la visión y la pasión para hacerlo.

Y es la razón de existir de la metodología GTD®.

 

Aquí hay tres consejos que te ayudarán para prepararte antes de incursionar en el mundo GTD®…

 

Primero, haz pequeños experimentos.

Piensa en el cambio no como un gran proyecto, sino como una serie de pruebas (o pequeños proyectos) que te ayuden a aprender rápidamente:

  • Lo que funciona
  • Lo que no funciona
  • Y lo que se necesita para ejecutar una idea.

Es importante señalar que en GTD®, aprenderás lo diferencia entre lo que son Proyectos y lo que es Gerencia de Proyectos.  Muchas de las ideas que se quedan estancadas sufren de falta de definición.  Y esa es una de las habilidades que debes aprender como líder.

 

Desafía al equipo a establecer objetivos.

A continuación, desafía al equipo a establecer objetivos:

  • A corto plazo
  • De alta prioridad
  • Desafiantes
  • Que no estén relacionados con sus tareas y proyectos actuales.

El punto no es necesariamente lograr esos objetivos, sino ver qué posibles innovaciones pueden surgir de ello. Esto es parte de la conceptualización que veras luego en GTD®, en el que todo se transforma en:

  • Resultados esperados.
  • Próximas acciones.

 

Finalmente, involúcrate personalmente.

Para que una innovación sea exitosa, los líderes tienen que invertir activamente sus recursos, su mente y sus acciones.  Si no lo haces, serás el jefe… pero nunca el líder.

 

Este es un momento espectacular para motivar a tu equipo; establece las condiciones para una innovación: proactiva – no reactiva – ahora.

 

Por Rosendo Roche.